
Alex podría ser Michelle, y las combinaciones terminan ahí, porque en realidad Alex toma la decisión de no ser ella ni él; decide que no quiere adentrarse en ninguna performación, y ser (y usar) lo que le dio la naturaleza: hermafrodita.
XXY acierta. Alex (Valeria Bertuccelli) es por fuera una niña de 15 años , agresiva, rebelde, que le resbala todo lo que le digan. Sus padres la llevaron a un pueblito costero cuando todavía era un bebe, para evitar las críticas de los grandes ciudadanos debido a su condición sexual. Pero la vida de Alex no parece andar del todo bien, o sea que cuando Álvaro (un chico de ciudad que se enamora de Alex) llega al pueblo, como hijo de un cirujano famoso que está interesado en operar a Alex, la relación no es el gran conflicto. Claro que el sexo resulta un problema, cuando el/la protagonista tiene dos sexos.
Lucía Puenzo logra un gran guión y una excelente película. Además de la tensión que implica el hermafrodismo, está también presente la homosexualidad de Álvaro y la abolición a esa sociedad conservadora. Me gusta que la película esté en español, de lo contrario Kraken, el padre de Alex, no tendría el problema de llamar “hijo” a su “hija”, o “hija” a su “hijo”, o ella o él.
El realismo con el que se trata el problema me parece la solución. Esa rebeldía de Puenzo para rechazar la performación, para questionar varios clichés, representada en la cinismo del / de la protagonista.
Queer? Digamos que más bien una confesión/rebelde sudamericana.
